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En ese momento no sabía muy bien lo que estaba haciendo. Supuse que un poco de diversión amenizaría la sórdida jornada de trabajo.


Los inexorables pasillos de la oficina eran el templo de un ajetreo ensordecedor. Pero yo no oía absolutamente nada. Simplemente me limité a dejar la grapadora junto a la caja de gomas multicolores y me senté.
El plano de visión a esta altura se hacía interesante a ciertas horas de la mañana; escotes perfumados que me paseaban cerca, papeles recién salidos de la Xerox, el olor a corregidor tóxico. La salsa donde se cocinaba mi vida estaba compuesta de vanales existencias que pululaban delante de mis narices. Y yo estaba sentado mirando la grapadora sin pensar qué era lo siguiente que ocurriría en el transcurso de aquel extraño día.


- Hey Leonard, no sabía que venías hoy. Dartacán te está esperando en el despacho con cara de abrirte ese culito tan estupendo que tienes.

Philipe nunca fue un hombre de ademanes corteses, pero esa mañana estaba encantador como pocos días. Entré en el despacho después de soltar mi fajo de folios grapados sobre la mesa.

- Muy bien, de acuerdo con lo que hemos hablado por telefono tu y yo.... - el auricular cayó en un golpe seco sobre las presillas del teléfono - ah ya estás aqui, siéntate.

Y ahi estaba mi futuro profesional ataviado con la corbata más cara y más horrible de los grandes almacenes, una comisura labial deshidratada y una presencia no más impactante que la de un cesto de mimbre. No tenía ganas de escucharle y no tenía ganas de dar explicaciones, hoy no.
Tras haber recogido los registros de las copias mensuales y el gasto total de tóner clavó la mirada en mis zapatos. Crema. Bonito color para unos zapatos, pensé mientras trataba de distraer mi atención mirando la barra de las cortinas.

- Creo que no me ha oido señor Leonard.

En efecto. No había oido una palabra de lo que aquel extraño individuo había estado escupiendo en mis oidos, pero sospechaba que el final de la conversación andaba cerca, y actué.

- ¿Ha subido a la azotea alguna vez señor?
- ¿Cómo?

Mi nuevo proyecto estaba basado en las interpretaciones de las ortofotos, imágenes aéreas de una magnitud considerable para su posterior ploteado. El asunto no daba mucho de sí, francamente. Me mataba tener que interpretar lineas de colinas, agua o pistas de golf.
Oigo el sonido de un ascensor. Me acuerdo del sonido de la puerta de mi habitación cuando no se puede cerrar del todo, y siempre hay que empujar un poco.

- Espero que esa idea suya funcione. ¿Sabe qué? la persona al cargo de su proyecto está muy satisfecha con sus interpretaciones, claro que nunca siguió estos métodos tan poco usuales.

Ya estamos arriba. La puerta se abre con mayor dificultad que otras veces. Aprieto mi bolsillo y siento que tengo náuseas. Crema. Siempre quise escoger aquellos zapatos grises de ejecutivo importante, pero como tantas otras cosas en mi vida, se salían de mi alcance.
Pero hoy no.
La azotea está limpia. El suelo de caucho blancuzco resplandece con la sibilina mirada del sol nublado, y me recorre un escalofrío por la espalda.

- ¿Qué se supone que quería decirme Leonard?. Tengo que irme a desayunar en diez minutos.
- Voy a dejar el puesto.
- ¿Pero qué...

Ahora no podía respirar. Imaginé el final de aquella gutural frase mientras la grapadora entraba en su garganta. Supuse también de qué manera me habría mirado si hubiese tenido aquellos minúsculos ojos abiertos. Pero tampoco me interesaba, hoy no me interesaba.
Los espasmos se me hacían interminables. Pero ya había contado con la resistencia ofrecida por la naturaleza en el cuerpo humano a la hora de sobrevivir. Sí, sobrevivir. En realidad era algo que hacíamos todos, y todos los días. Hasta que no se puede. Para mi jefe, ese, fue el mejor día de su vida. Es lo que quise pensar mientras entraba en el ascensor. También calculé el efecto del sol sobre un cuerpo henchido de aire pasado el tiempo pertinente, y me di unas cinco horas de margen. Tenía que acabar aquello. Porque acababa de empezar. ¿No es asi?

Bueno, en ese momento no sabía muy bien lo que estaba haciendo. Supuse que un poco de diversión amenizaría la sórdida jornada de trabajo. Agarré mi fajo de folios y me acerqué a una insignificante mujer que esperaba unas copias en color.

- ¿Ha subido a la azotea alguna vez?


N!nW
©2004-2009 ~Melchiahim
:iconmelchiahim:

Author's Comments

Uno de esos días normales en los que despertamos realmente... o empezamos a hacerlo.

Comments


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:iconzayuri:
Mmm me has dejado un poco atónita con este relato.. Estaba deseando que tirara a su jefe por la azotea. Y al acabar, he pensado que era un loco chiflado fetiche de las azoteas... Pero no, quizá esté más cuerdo que yo :confused: ARGH! Quizá sea yo... que me estoy volviendo loca?

--
member of ~artescrito ; *E-DeviantArt artwork groups.
:iconaxl-madness:
Creo que las ideas inconexas le llegan de forma tan nítida, que dificilmente podria decir que está cuerdo...
Fenomenal ejecución, me ha encantado la descripcion de la situacion en la primera parte :)

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September 9, 2004
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